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En 1847, el talentoso aprendiz de joyero Louis-Francois Cartier (1819-1904) tomó el control sobre el taller de joyería en paris, de Adolphe Picard, el hombre que le había enseñado su oficio. Cartier mas adelante prosperó gracias al patrocinio de la princesa Mathilde, prima hermana del emperador y sobrina de Napoleón I. además desarrolló una Amistad con el internacionalmente renombrado modisto Charles Worth donde se vió por primera vez la union entre la alta joyería y la alta costura. Con el deseo de establecer una tradición familiar, Louis-Francois Cartier enseñó el oficio a su hijo, Louis- Francois-Alfred (1841-1925), convirtiendolo en socio. En 1899, el negocio se alojó en las elegantes y lujosas instalaciones de la prestigiosa dirección Rue de la Paix #13, Paris, donde permanecería durante los siguientes siglos hasta el día de hoy. De allí en adelante, Alfred confió a sus tres hijos con la Gerencia Internacional de Cartier. Louis-Joseph (1875-1942), asumió la responsabilidad por paris, Pierre-Camille (1878-1964) se mudó a Nueva York y Jacques-Theodule (1884-1941) se estableció en Londres. Los hermanos Cartier no solo lograron dominar los tres mercados sino tambien recorrieron el mundo en busca de inspiración. Con la llegada de la diseñadora Jeanne Toussaint a Cartier, una mujer de exquisito gusto y sólido carácter, Louis Cartier tuvo la posibilidad de continuar creando joyería digna del nombre “Haute Joaillerie” (alta joyería) y de conectarla con el mundo de la “Haute Couture” (alta costura). El príncipe de gales, quien más tarde se convertiría en el rey Eduardo VII, lo describió como “joyero de reyes, rey de los joyeros”. Durante su tercera generación, Cartier se convirtió en el joyero más prestigioso del mundo.