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Fundada en 1832 en Saint-Imier, Suiza, la marca relojera Longines se beneficia de una larga tradición marcada por la elegancia de sus creaciones. Al principio, la Casa, dirigida por Auguste Agassiz, era una factoría de relojería semejante a los numerosos establecimientos que florecían entonces en la región. En 1867, Ernest Francillon, sucesor de Agassiz, decidió romper con los métodos de producción vigentes en la relojería helvética. Reunió a sus obreros bajo el mismo techo, adoptando y desarrollando nuevos procedimientos mecánicos de producción: así nació la fábrica Longines. Desde entonces, la manufactura de Saint-Imier - bajo los auspicios de su reloj de arena alado – ha conocido un desarrollo ininterrumpido y ha firmado numerosas realizaciones relojeras que suscitan un reconocimiento internacional. Marca entre las más premiadas en las exposiciones internacionales e universales (incluso en la de Barcelona de 1929, y con nada menos que 10 Grandes Premios), Longines suministra también sus equipos de medida del tiempo al mundo de la aviación desde 1919 y acompaña a los pioneros del cielo en sus periplos (en particular el célebre vuelo de Lindbergh entre Nueva York y París). La casa relojera también se impone como cronometrador deportivo y concibe equipos de cronometraje que le confieren un resplandor mundial. Participa en los eventos deportivos más prestigiosos del mundo.

Hoy en día, la casa Longines defiende una relojería de tradición, basada en los valores que sistemáticamente respetó en el curso de su historia. La elegancia o el carácter deportivo de sus modelos se hacen eco de las tendencias que perpetúa desde hace más de 175 años. Longines también asume su vocación de cronometrador y se compromete en los campos de la equitación, de la gimnasia, del short-track, del tiro con arco, del tenis y del esquí alpino. Marca de Swatch Group, primer fabricante mundial de productos relojeros, Longines está implantada en más de 130 países.